El Real Zaragoza, tras la histórica conquista de la Recopa de Europa el 10 de mayo de 1995, se ganó el derecho a disputar la Supercopa de Europa. El conjunto aragonés logró el título al imponerse al Arsenal FC por dos goles a uno, con tantos de Juan Esnáider y Nayim, en una final que quedó grabada en la historia del fútbol europeo.
Gracias a esta victoria, el Real Zaragoza accedió a la Supercopa de Europa, donde se enfrentó al campeón de la Copa de Europa, representando al fútbol español en una de las competiciones más prestigiosas del continente.
El torneo se disputaría a doble encuentro para decidir quién se alzaría con el título. El primer asalto tendría lugar en tierras zaragozanas el 6 de febrero de 1996, con una Romareda ilusionada y entregada, dispuesta a empujar a su equipo en el intento de conquistar una nueva hazaña europea.
La Romareda vivió una noche de emociones intensas en su regreso europeo. Tras la gloria de 1995, el Zaragoza saltó al césped con la ilusión de comenzar la Supercopa imponiéndose al campeón de Europa, el poderoso Ajax de Ámsterdam.
Desde el pitido inicial, el conjunto local mostró determinación y un plan claro, controlar el balón, presionar en campo rival y buscar velocidad por las bandas. El esfuerzo pronto dio frutos, en el minuto 28 un robo en el centro del campo y una transición rápida permitieron a Xavi Aguado inaugurar el marcador con un remate certero, haciendo estallar a La Romareda.
Con la ventaja, el Zaragoza se sintió cómodo, llevando el ritmo del partido y generando buenas sensaciones entre la afición. Sin embargo, el Ajax, dirigido por Louis van Gaal y con talento joven en todas sus líneas, no tardó en reaccionar.
Tras el descanso, los holandeses ajustaron su presión y empezaron a encontrar espacios por dentro. Su insistencia terminó dando frutos… llegaba el minuto 70 con el joven delantero neerlandés Patrick Kluivert, que años después sería estrella en toda Europa, aprovechó un balón suelto dentro del área para igualar el marcador y dar aire a su equipo.
El tramo final se jugó con calma y orden por ambos equipos. Zaragoza no renunció a su actitud ofensiva, pero Ajax supo gestionar el resultado para viajar con la sensación de haber logrado un buen empate de visita.
En resumen , Un duelo vibrante, con un ambiente eléctrico en La Romareda y con el Zaragoza mostrando carácter frente a uno de los gallos europeos de la época. El empate deja todo abierto para la vuelta, aunque con cierta ventaja psicológica para los holandeses antes del partido en Ámsterdam.
Alineaciones
Real Zaragoza: Juanmi, Belsue, Aguado, Cuartero, Solana, Gustavo Lopez, Oscar, Nayim, Higuera, Morientes, Dani.
Suplentes: Berti, Pardeza
Ajax Amsterdam: Van der Sar, Reiziger, Scholten, frank de Boer, Blind, Bogarde, Litmanen, Musampa, Ronald de Boer, Finidi, Kluivert.
Suplentes: Van den Bergh, Wooter
Goles Aguado (28), Kluivert (70)
El equipo aragonés llegó al partido de vuelta con la eliminatoria abierta tras el 1-1 de La Romareda, convencido de que podía competir ante el campeón de Europa. Sin embargo, el escenario fue complicado desde el inicio. El partido se disputó semanas después de la fecha prevista debido a la nieve en Ámsterdam, y el Zaragoza denunció dificultades logísticas en la preparación, incluyendo la imposibilidad de entrenar con normalidad en el estadio del partido.
Sobre el césped, el Ajax impuso su ritmo, pero el Zaragoza resistió a pesar de las circunstancias adversas que fueron más allá del juego. El gol de Winston Bogarde antes del descanso supuso un golpe duro, aunque no definitivo. Fue tras el segundo tanto, obra de Finidi George, cuando el encuentro se rompió definitivamente.
Los dos penaltis transformados por Danny Blind terminaron de inclinar el marcador con un equipo maño con inferioridad numérica tras las expulsiones de Andoni Cedrun en el minuto 64 y Oscar en el minuto 68, llevando la desesperación y mayor malestar zaragocista. Aunque recogidos como hechos en el acta, desde el club y la prensa aragonesa se interpretaron como decisiones excesivamente rigurosas, en un partido en el que el árbitro acabó teniendo un protagonismo que el Zaragoza consideró determinante para el resultado final.
Los medios de Zaragoza reflejaron al día siguiente una mezcla de orgullo y frustración. Orgullo por haber llevado al club a disputar una Supercopa europea frente al mejor equipo del continente; frustración por una vuelta en la que el marcador se entendió como demasiado severo y condicionada por decisiones que llegaron en los momentos clave del partido. La sensación general fue que el Zaragoza nunca pudo jugar el partido que había preparado.
A pesar del desenlace, aquella Supercopa quedó grabada como uno de los grandes hitos internacionales del club. El Zaragoza se marchó de Europa sin el título, pero con la convicción de haber competido hasta donde le dejaron las circunstancias, y con la certeza de que Ámsterdam fue una noche en la que el resultado no contó toda la historia.
