13 de febrero de 1994
La tarde que La Romareda no olvidará
Hay partidos que se recuerdan por el resultado. Otros, por la emoción. Y luego están aquellos que quedan grabados en la memoria de un estadio entero. El 13 de febrero de 1994 fue uno de esos días para el Real Zaragoza y su afición. La Romareda, llena hasta la bandera, vibraba con cada jugada mientras el equipo aragonés se imponía por 6-3 al F.C. Barcelona, firmando un espectáculo que parecía perfecto.
Pero entre los goles y la euforia se vivió un momento de gran tensión. Corría el minuto 15 cuando José Aurelio Gay anotaba el segundo tanto del Zaragoza. La grada de fondo norte estalló en alegría… y en medio de la celebración, una de las habituales avalanchas llevadas por miembros de Ligallo Fondo Norte provocó que las vallas del graderío cedieran, cayendo varios aficionados al foso del estadio. Lo que comenzó como una fiesta se transformó en un instante de incertidumbre y miedo.
La atención se desplazó de inmediato del fútbol a la seguridad de los presentes. Cruz Roja, Policía Nacional, Protección Civil, empleados del club e incluso medios de comunicación pusieron en marcha un plan de emergencia para atender a los heridos. Los servicios médicos del primer equipo del Real Zaragoza se acercaron al incidente, ayudando en las primeras evaluaciones. Durante esos momentos, el estadio contuvo la respiración, con miles de corazones en un puño, deseando que la gravedad no fuera mayor.
Por fortuna, no hubo víctimas mortales. Cuatro aficionados fueron ingresados, y otros 40 recibieron atención en el estadio o en hospitales cercanos. Cada noticia de alivio, cada confirmación de que los afectados estaban bien, era recibida con el mismo júbilo de un gol, devolviendo la calma a una afición que había vivido un susto monumental.
Aquel día demostró que el zaragocismo no solo se mide en victorias o goles, se mide en solidaridad, humanidad y en cómo una comunidad se une frente a la adversidad. La tarde del 13 de febrero de 1994 es un recuerdo que mezcla alegría y miedo, emoción y respeto, y que sigue viva en la memoria de todos los que la vivieron.
Hoy queremos rendir homenaje a todos los que colaboraron para ayudar a los afectados, a los servicios médicos, a los medios de comunicación y, sobre todo, a quienes se vieron implicados en este incidente. Gracias a su esfuerzo y humanidad, lo que pudo ser una tragedia se convirtió en un ejemplo de responsabilidad y solidaridad.
Porque hay tardes que van más allá del fútbol, y aquella tarde en La Romareda fue, sin duda, una de ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario