En la primera ronda de los dieciseisavos de final, el Real Zaragoza se enfrentó al Iraklis griego. El partido de ida se disputó el 8 de septiembre de 1962 en tierras helenas, donde el conjunto zaragocista logró una contundente victoria por 0-3, con dos goles de Villa y uno de Marcelino.
La eliminatoria se cerró en el Estadio Municipal de La Romareda, donde el Real Zaragoza volvió a imponerse con autoridad por 6-1. Los goles fueron obra de Canario, Sigi y Murillo, además de un doblete de Endériz, certificando así el pase a la siguiente ronda.
Superada la primera eliminatoria, el Real Zaragoza disputó los octavos de final frente al Lausanne Sport de Suiza. El sorteo de la competición determinó que el partido de ida se jugara fuera de casa, el 6 de noviembre de 1963, en el Stade Olympique de la Pontaise.
El conjunto zaragocista logró una valiosa victoria por 1-2 en territorio suizo, gracias a los goles de Canario y Marcelino, dejando la eliminatoria bien encarrilada de cara al encuentro de vuelta.
El partido decisivo se disputó en la capital maña el 20 de noviembre del mismo año, donde el Real Zaragoza volvió a imponerse con autoridad por 3-0. Los goles fueron obra de Endériz, Murillo y Marcelino, certificando así el pase a la siguiente ronda del torneo.
Dos semanas después, el 12 de febrero, el zaragocismo volvió a demostrar su carácter en el Stadio Comunale de Turín. En un duelo cargado de tensión y orgullo, el conjunto blanquillo resistió con firmeza para firmar un empate sin goles (0-0) que valió una clasificación histórica. El Real Zaragoza dejaba en el camino a un gigante europeo y seguía soñando en grande.
Ya en las Semifinales de la Copa de Ferias, el RFC Liège se cruzó en el camino del Real Zaragoza. El primer asalto se disputó en tierras belgas, donde el conjunto local logró imponerse por 1-0 el 22 de abril de 1964 en el Stade Vélodrome de Rocourt, dejando la eliminatoria completamente abierta.
La vuelta en La Romareda, el 7 de mayo, fue un ejercicio de fe y carácter. Empujado por su afición, el equipo maño se impuso por 2-1 con goles de Santos y Lapetra, igualando la eliminatoria y llevando el duelo a un desenlace tan insólito como dramático.
Según el reglamento de la época, la igualdad debía resolverse en un tercer partido de desempate, cuyo escenario se decidió… con una moneda al aire. La fortuna sonrió al Zaragoza, y el encuentro definitivo se disputó el 28 de mayo en una Romareda entregada.
Aquella tarde, el Real Zaragoza no falló. Con autoridad y corazón, los blanquillos vencieron por 2-0, con goles de Duca y Santos, desatando la alegría de la afición y sellando un pase histórico a la Final de la Copa de Ferias.
El 24 de junio de 1964, el Camp Nou de Barcelona fue el escenario de una final inolvidable. El Real Zaragoza y el Valencia CF se enfrentaban en el último partido de la Copa de Ferias, con un objetivo único: alzarse campeón por primera vez.
Los maños no fallaron a su cita con la gloria. Tras 90 minutos de lucha, talento y corazón, el Real Zaragoza se impuso por 2-1, con goles de Villa y Marcelino, desatando la emoción de un zaragocismo que llevaba décadas soñando con ese momento.
El pitido final desató la euforia. El conjunto blanquillo alcanzaba la cima del fútbol europeo y regalaba a su afición el primer gran título de su historia. Las vitrinas aragonesas se abrían por fin para acoger un trofeo que simbolizaba sacrificio, orgullo y grandeza.
El Real Zaragoza se proclamaba Campeón de la Copa de Ferias 1963-1964.
La ciudad se volcó con sus héroes, las calles se llenaron de celebración y Zaragoza entera rindió homenaje a un equipo eterno que ya formaba parte de la leyenda.
Aquel triunfo no fue solo una victoria deportiva. Fue el nacimiento de una identidad, el inicio de una leyenda y la confirmación de que el Real Zaragoza podía mirar de frente a los grandes de Europa. La Copa de Ferias de 1964 quedó grabada para siempre en la memoria del zaragocismo como el primer gran rugido de un club destinado a hacer historia. Desde entonces, cada generación ha heredado aquel orgullo, aquel espíritu indomable y aquella noche en la que Zaragoza tocó el cielo.
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