A lo largo de su historia, el Real Zaragoza ha contado con varios himnos que han representado al club aragonés en sus distintas etapas. Para comprender su origen, debemos remontarnos a los años previos a la fundación del club.
En aquella época, años veinte, el fútbol zaragozano estaba marcado por la rivalidad entre el Iberia Sport Club (Avispas) y los (Tomates) del Real Zaragoza Club Deportivo, dos equipos cuya fusión en 1932 dio lugar al nacimiento del actual Real Zaragoza.
Durante aquella rivalidad, unos querían ser más que otros y otros más que unos, una competencia que se palpaba en el ambiente de la ciudad.
Mientras directivos, jugadores y socios del Zaragoza C.D. colaboraban en la construcción del campo de Torre Bruil en 1924, los arranques de jota servían de estímulo y motivaban el esfuerzo de todos los presentes,
«Por ser el club más baturro,
mi hecho del Zaragoza,
que está haciendo su campico,
con aires de jota».
Así nacieron los primeros cánticos de aliento y apoyo al equipo, que a menudo se acompañaban del ya popular grito de:
«¡Aúpa el Zaragoza!».
Durante aquella rivalidad, el Iberia S.C. contaba en sus filas con numerosos jugadores vascos. Que bien residían en Zaragoza para cursar sus estudios, especialmente los relacionados con la medicina, mientras que otros estaban vinculados a la creciente clase obrera zaragozana. Sus amistades y seguidores, muchos de ellos aficionados del Iberia Sport Club, animaban al equipo con el característico grito vasco de
«¡Aurrera, Aurrera!».
Aquel cántico, cuyo significado es «¡Adelante, adelante!», terminó arraigando entre la afición gualdinegra y se convirtió en una de las expresiones más representativas del apoyo al conjunto avispa durante aquellos años.
Tras la fusión de ambos clubs, en 1932, el nuevo Zaragoza C.F. asumió el firme objetivo de situarse entre los grandes clubes del fútbol español. Este impulso competitivo culminó con el ascenso a Primera División en 1936, con los míticos `Alifantes´ un hito enorme para la historia del club.
Este éxito deportivo dio lugar a lo que se considera el primer himno zaragocista del que se tiene constancia.
Con letra de Abad Tárdez y música de Enrique Sapetti, nació el primer himno del Zaragoza F.C., concebido como una marcha triunfal que fue interpretada por primera vez el 8 de mayo de 1936 en el Ayuntamiento de Zaragoza, durante el acto de homenaje al equipo por su ascenso a la máxima categoría.
Lamentablemente, la Guerra Civil y el paso del tiempo han hecho desaparecer toda huella de la letra de aquella composición, lo que hoy impide conocer su contenido.
En aquel mismo acto, celebrado en el mismo escenario, también se interpretó una jota aragonesa, cantada por Francisco Caballero, quien años más tarde llegaría a ser presidente del club zaragocista.
LA JOTA DEL ASCENSO
«Ha luchado el Zaragoza
por defender su bandera
y están orgullosos
porque han subido a Primera.
A nuestro querido alcalde
le saluda el Zaragoza
y toda su directiva
con aires de la jota».
Con el paso de los años, el empeño nunca quiso dar por perdido el rastro del primer himno zaragocista. Tras numerosos intentos e investigaciones, finalmente se lograron recuperar unas partituras que permiten rescatar uno de los mayores tesoros que pueden representar la voz y el sentimiento de los aficionados de aquel lejano 1936.
Este hallazgo supone un importante vínculo con la memoria histórica del club, ya que nos acerca a la forma en que se vivía y se expresaba la pasión zaragocista en sus primeros grandes hitos deportivos.
Uniendo este hallazgo quisimos contar con la colaboración de David Fau Guinda, músico que participa habitualmente con museozaragocista, y de la Peña Zaragocista La Convivencia, por lo que se emprendió un proceso de recuperación del himno. El resultado final fue recibido con gran aceptación por parte de la afición zaragocista.
Podemos afirmar, por tanto, que estamos ante el himno más longevo de la historia zaragocista, una pieza cuya letra original se ha conservado, mientras que la música tuvo que ser recreada para garantizar su preservación.
La Marcha Triunfal Zaragoza F.C. (1936) constituye uno de los testimonios más significativos del primer himno vinculado al club. Su composición, concebida como una pieza de carácter épico y motivador, reflejaba el espíritu competitivo del equipo tras su ascenso a Primera División y el orgullo de toda una ciudad.
MARCHA TRIUNFAL ZARAGOZA F.C. 1936
«Al conjuro de esta marcha victoriosa
sigue el equipo un bello ideal,
y en el once hay disciplina rigurosa
para ser campeón en la vuelta final.
Adelante va el equipo confiado,
no pensó jamás en retroceder,
vanidad no le produjo lo alcanzado
porque siempre salió a cumplir el deber.
Chutar con mucho ardor
es el deber del jugador,
y no desanimar
y no retroceder
hasta marcar el gol de la victoria.
Chutar es el deber,
¡no hay que reblar!,
¡no hay que ceder!
Hay que llegar,
y hoy como ayer,
del Zaragoza
el triunfo ha de ser.
Chutar con mucho ardor
que hay que vencer…»
En 1951, el equipo logró por fin el ansiado ascenso a Primera División, un hito que vino acompañado de un importante cambio institucional, la recuperación del título de Real, heredado de uno de sus clubes antecesores. Desde entonces, la entidad pasó a denominarse Real Zaragoza Club Deportivo.
En medio de la celebración y con el propósito de dotar al club de un mayor prestigio simbólico, se impulsó la creación de un nuevo himno. La letra fue obra de Otín y Brunet, mientras que la música corrió a cargo de Gracia Soria. La composición recibió el nombre de Los Leones de Torrero y estaba destinada a acompañar una nueva etapa de ilusión para la afición zaragocista.
Con el paso del tiempo, la melodía acabó perdiéndose y únicamente se conservó la letra. Sin embargo, gracias al trabajo de investigación y recuperación impulsado desde este proyecto, y al destacado compromiso de David Fau, que ha aportado su experiencia musical y un enorme esfuerzo de reconstrucción, hoy podemos volver a escuchar este himno y mantener viva una parte fundamental de la memoria histórica del Real Zaragoza.
LOS LEONES DE TORRERO (1951)
Sobre el verde terreno, once leones
defienden el escudo de Aragón,
mientras tiemblan las gradas de Torrero,
repletas de entusiasmo y emoción.
La victoria siempre nos alboroza
porque sabe a laureles bajo el sol,
y es un beso de triunfo al Zaragoza
si se grita con entusiasmo: ¡gol!
Alaví, alavá, alaví, lavi, lavi, lavi, lavá.
Nuestro esfuerzo siempre unamos
y el Zaragoza vencerá;
no reblar en la lucha conseguida,
este esfuerzo nos llevará a triunfar.
Y el tesón de la tierra aragonesa
nuestro paso seguro marcará.
¡Adelante, muchachos, adelante!,
nuestro equipo nunca se quedará atrás.
Zaragoza será siempre triunfante
mientras se oiga a la afición cantar:
Alaví, alavá, alaví, lavi, lavi, lavi, lavá.
¡Hip, hip, hurra!
Durante los años 60, el Real Zaragoza vivió una de las mejores etapas de su historia. Gracias a un gran grupo de jugadores conocido como Los Magníficos, el equipo ganó títulos importantes como la Copa del Generalísimo y la Copa de Ferias, convirtiéndose en uno de los clubes más destacados de España y de Europa.
En este contexto de crecimiento y celebración surgió en 1964 el tercer himno oficial del club, conocido como “Ra, Ra, Ra”. La composición, con letra de Molina y Tejel, representó el sentimiento y el orgullo zaragocista de aquellos años. Interpretado por Pilarín Lasheras.
El himno participó en el primer Festival de Música Deportiva, donde fue recibido con gran entusiasmo tanto por el público como por la crítica especializada.
Su éxito en el certamen le permitió alcanzar un destacado segundo puesto, convirtiéndose en una de las piezas musicales más recordadas de la historia del Real Zaragoza.
RA, RA, RA (1964)
Porque tenemos rasmia y solera
Siempre en el fútbol español
Plantamos banderas
Y nuestro equipo con sus leones
Tiene detrás a la afición de todo Aragón
Ra, Ra, Ra, Zaragoza chutara
Ra, Ra, Ra, Zaragoza vencerá
Que zúmbale, al balón
Que chútale, que chuta
Que chuta, y mete ¡¡Gol!!
Ra, Ra, Ra, Zaragoza Chutara
Ra, Ra, Ra, Zaragoza vencerá
Puntos y goles nobles de victorias
El Zaragoza lograra sumar a su historia
Jugando en casa jugando fuera
Sus hinchas sin cesar cantaran
Ra, Ra, Ra, Zaragoza chutara
Ra, Ra, Ra, Zaragoza vencerá
Que zúmbale, que zumba
Que zúmbale, al balón
Que chútale, que chuta
Que chuta, y mete ¡¡Gol!!
Ra, Ra, Ra, Zaragoza chutara
Ra, Ra, Ra, Zaragoza vencerá
Ra, Ra, Ra,
Ra, Ra, Ra,
Que zúmbale, que zumba
Que zúmbale, al balón
Que chútale, Que chuta
Que chuta, y mete ¡¡Gol!!
Ra, Ra, Ra, Zaragoza chutara
Ra, Ra, Ra, Zaragoza vencerá.
Fue una época de títulos, de grandes gestas y de una presencia constante en la lucha por nuevos trofeos. Un tiempo que trascendió los terrenos de juego e inspiró a numerosos cantantes y grupos a dedicar sus canciones al Real Zaragoza, inmortalizando en sus vinilos la admiración y el cariño que el conjunto blanquillo despertaba en los campos de toda España.
Desde «¡¡Arriba Zaragoza!!», de Pepe Esqués, presentada en el II Certamen de Música Deportiva, hasta «Alirón al Zaragoza», del grupo navarro Los Anayat (1966), o «¡Viva el Real Zaragoza!», interpretada por El Profeta de Albacete en 1970, fueron varias las composiciones que nacieron al calor de aquellos años irrepetibles. Ninguna llegó a convertirse en el himno oficial del club, pero todas encontraron un lugar en la memoria colectiva del zaragocismo.
Tras el inesperado descenso a Segunda División, el Real Zaragoza inició una nueva etapa en la década de los setenta. Sin embargo, el paso por la categoría de plata fue efímero y, apenas un año después, el club recuperó su lugar en la máxima categoría del fútbol español.
Hubo que esperar al inicio de la época de los Zaraguayos para que el club decidiera renovar el himno oficial, vigente desde 1964. En 1973 se presentó «Sin Reblar», con letra de José María Ferrer y música de Álvaro Sebastián. La nueva composición pasó a convertirse en la seña de identidad musical del zaragocismo.
SIN REBLAR (1973)
Vamos todos a cantar,
El equipo y la afición,
¡¡Aúpa, aúpa el Zaragoza!!
Es el grito decisivo
que nos brota en la pasión.
¡¡Aúpa, aúpa el Zaragoza!!
Es el temple deportivo
de la tierra de Aragón,
Pregonemos todos juntos
El equipo y la afición
¡¡Venga goles!! ¡¡venga puntos!!
Y a llegar campeón
Vamos todos a cantar
El equipo y la afición
¡¡Aúpa, aúpa el Zaragoza!!
Es el grito decisivo que nos brota en la pasión
¡¡Aúpa, aúpa el Zaragoza!!
Es el temple deportivo
de la tierra de Aragón.
Pregonemos todos juntos
El equipo y la afición
¡¡Venga goles!! ¡¡venga puntos!!
Y a llegar a campeón
A luchar
Sin reblar.
El Real Zaragoza continuó defendiendo con orgullo sus colores en las competiciones nacionales, manteniendo vivo el entusiasmo de la afición zaragocista y llevando el nombre de Aragón a lo más alto. El club se consolidó como un auténtico embajador del carácter, la pasión y la identidad de la tierra aragonesa, alcanzando una nueva final de la Copa del Rey.
Al mismo tiempo, La Romareda, templo del zaragocismo, se convirtió cada jornada en un escenario de pasión y fervor, donde miles de aficionados animaban sin descanso a su equipo. A finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, el estadio vivió una de sus épocas más emblemáticas, mientras la ciudad de Zaragoza adquiría un protagonismo internacional con la celebración del Mundial de España de 1982.
La proximidad de aquella cita mundialista impulsó una profunda transformación en el fútbol español. Los estadios comenzaron a incorporar nuevas formas de animar, con cánticos más elaborados y un ambiente cada vez más participativo. En La Romareda, sin embargo, esas nuevas tendencias convivían con los cánticos tradicionales que ya formaban parte de la identidad del zaragocismo y que habían convertido al estadio en uno de los grandes referentes de la afición española.
Muchos aficionados todavía recuerdan un cántico que sonaba por la megafonía de La Romareda antes de los encuentros. Aunque nunca llegó a convertirse en el himno oficial del Real Zaragoza, quedó grabado en la memoria de toda una generación de zaragocistas:
¡Tú lucharás, tú lucharás! ¡Tú vencerás, tú vencerás! ¡En tu escudo hay un león!
ioa, ioa
Zaragoza, Zaragoza
ioa, ioa
En este contexto, el Real Zaragoza busca algo propio de la tierra, un símbolo que pueda reconocerse más allá de las fronteras y que identifique tanto al equipo como a la ciudad. ¿Y qué mejor que una jota? Una jota podía convertirse en un emblema auténtico, representativo, único. Pero… ¿cómo sería un himno en forma de jota?
La respuesta llegó en 1985, con letra de Aguirre y música de Villanueva, nació el himno jotero “Aúpa Zaragoza”, que empezo a resonar por los altavoces de La Romareda antes de cada partido.
AÚPA ZARAGOZA (1985)
Para animar a nuestra afición hay que tirar muy bien a gol, guardar el puesto con entusiasmo y hacer el pase con precisión.
Así estará nuestra región más orgullosa de su león.
¡Aúpa y más aúpa el Zaragoza! ¡Aúpa y más aúpa todo Aragón!
Que cuando vienen del campo, vienen cantando:
(Todos) ¡Aragón, Aragón, Zaragoza campeón!
¿Por qué vienen tan contentos los seguidores?
¡Aragón, Aragón, Zaragoza campeón!
Sin desmayar, (sin desmayar), nuestro fútbol, nuestro fútbol, ha de aspirar (¡a campeón!).
Todos unidos seremos fuertes, cantemos todos con ilusión.
Y así estará (así estará) nuestra región (nuestra región) más orgullosa de su león.
¡Aúpa y más aúpa el Zaragoza! ¡Aúpa y más aúpa todo Aragón!
Que cuando vienen del campo, vienen cantando:
(Todos) ¡Aragón, Aragón, Zaragoza campeón!
¿Por qué vienen tan contentos los seguidores?
¡Aragón, Aragón, Zaragoza campeón!
El himno en forma de jota, concebido como un homenaje a las raíces aragonesas y a la identidad del club, no logró conectar con la afición del modo en que se había esperado. Aunque su propuesta pretendía reflejar el carácter regional y el sentimiento zaragocista, la respuesta del público fue más bien tibia y nunca llegó a consolidarse como un símbolo capaz de unir a la grada. Su escasa aceptación hizo evidente la necesidad de encontrar una composición que despertara una mayor identificación entre los seguidores.
Ante esta situación, apenas seis meses después de su estreno, el club decidió sustituirlo e impulsar la creación de un nuevo himno. El objetivo era encontrar una melodía más enérgica y una letra que transmitiera con mayor intensidad el orgullo de pertenencia, el sentimiento zaragocista y el apoyo incondicional al equipo. Se buscaba una composición que pudiera ser cantada con entusiasmo por toda la afición y que se convirtiera en un elemento de unión en los momentos más importantes.
La búsqueda coincidió, además, con uno de los periodos de mayor ilusión que se recordaban en torno al Real Zaragoza. El equipo atravesaba una etapa de crecimiento deportivo que culminaría con su brillante participación en la Copa del Rey de 1986, una competición que devolvió la esperanza y el entusiasmo a la afición. En ese ambiente de optimismo, el club entendió que era el momento idóneo para dotarse de un nuevo himno, una pieza musical que acompañara a los zaragocistas en las gradas y que fuera capaz de representar la pasión, el orgullo de Aragón y el espíritu de un equipo que aspiraba a volver a escribir páginas memorables de su historia.
Con el título «A Ganar», el compositor Juan Notario presentó una propuesta que convenció desde el primer momento tanto por la fuerza de su música como por una letra sencilla, directa y fácil de corear. El nuevo himno respondía a la necesidad de dotar al Real Zaragoza de una composición que representara fielmente el sentimiento zaragocista y que lograra implicar a toda la afición, algo que su predecesor no había conseguido.
Estrenado en 1986, en plena efervescencia deportiva del club, «A Ganar» apareció en un momento especialmente ilusionante. El Real Zaragoza afrontaba con enorme confianza la recta final de una temporada que culminaría con la conquista de la Copa del Rey frente al FC Barcelona, y el nuevo himno encontró en ese contexto el escenario perfecto para consolidarse. Muy pronto comenzó a escucharse en La Romareda y en los desplazamientos de la afición, convirtiéndose en la banda sonora de una generación de zaragocistas que soñaba con devolver al club a los primeros planos del fútbol español.
Su ritmo vibrante, su estribillo pegadizo y un mensaje basado en el esfuerzo, la unidad y la ambición hicieron que la afición lo adoptara de forma inmediata. El «¡A ganar!» se transformó en un auténtico grito de guerra que acompañaba al equipo antes, durante y después de cada encuentro, reforzando el vínculo entre la grada y los jugadores.
Con el paso de los años, «A Ganar» ha quedado ligado para siempre a una de las etapas más recordadas de la historia del Real Zaragoza. Más que un simple himno, representa el espíritu competitivo y el orgullo de una afición que supo empujar a los blanquillos en uno de los momentos más brillantes del club, consolidándose como una de las composiciones más queridas y recordadas por varias generaciones de zaragocistas.
A GANAR (1986)
El Zaragoza va a jugar,
el Zaragoza va a vencer,
el Zaragoza va a luchar
por su afición.
Y los mañicos auparán
a los blanquillos del león.
Azul y blanco es el color
del campeón.
¡Aupa Zaragoza,
arriba y a vencer!
Palmadas al viento
que gritan: «¡Ganaréis!».
La raza en el juego,
nobleza y valor,
bandera y orgullo
de nuestro Aragón.
La Romareda vibrará
y el cachirulo se alzará.
Como un gigante
es el equipo aragonés.
El Zaragoza es la afición,
con once grandes del balón
y una leyenda con trofeos
al mejor.
¡Aupa el Zaragoza,
arriba y a vencer!
Palmadas al viento
que gritan: «¡Ganaréis!».
La raza en el juego,
nobleza y valor,
bandera y orgullo
de nuestro Aragón.
¡A ganar, a ganar,
el Zaragoza va a ganar!
¡A ganar, a ganar,
el Zaragoza ganará!
¡A ganar, a ganar,
el Zaragoza va a ganar!
¡A ganar, a ganar,
el Zaragoza ganará!
Poco a poco, las gargantas de la afición zaragocista hicieron suyo el himno de 1986, que llegó para quedarse. Muchos lo hemos grabado en nuestra memoria y, en más de una ocasión, lo hemos tarareado para transmitir fuerza y ánimo a nuestro equipo.
Con el paso de los años, La Romareda, los distintos estadios en los que ha jugado el Real Zaragoza y cualquier lugar donde se encontrara un zaragocista han resonado con sus versos, convirtiéndolos en un símbolo de identidad y grandeza que representa a todos aquellos que, desde 1986, han sentido y siguen sintiendo el orgullo de portar este escudo.
Durante la conquista de los títulos logrados en las décadas de 1990 y 2000, el himno continuó sonando con la misma fuerza, acompañando algunos de los momentos más gloriosos de la historia del club. Con motivo del 75.º aniversario del Real Zaragoza, se impulsó una campaña para renovar la melodía del himno, invitando a varios grupos musicales aragoneses a crear composiciones originales que pudieran convertirse en el nuevo himno oficial de la entidad.
Sin embargo, el tiempo confirmó lo que ya parecía evidente: «A Ganar» había llegado para quedarse. Hasta el día de hoy, continúa siendo el himno oficial del Real Zaragoza y ninguna otra canción o composición ha conseguido sustituir la obra que Juan Notario regaló al zaragocismo en 1986, convertida ya en una de las señas de identidad más reconocibles del club y de su afición.
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