El 26 de abril de 1986 se celebró la final de la Copa del Rey, disputada en el Estadio Vicente Calderón de Madrid, enfrentó a Real Zaragoza y FC Barcelona. En un partido que quedó grabado por la intensidad, la estrategia y la determinación del conjunto aragonés. Desde el inicio, ambos equipos mostraron un respeto mutuo, conscientes de la importancia del título y de la calidad del rival. Mientras el Barcelona era considerado el favorito por su plantilla y trayectoria, el Zaragoza buscaba aprovechar su cohesión y espíritu combativo para sorprender.
El primer tiempo transcurrió con equilibrio, pero fue Rubén Sosa quien rompió la igualdad en el minuto 34, tras culminar el lanzamiento de una falta que sorprendió al guardameta Urriti. Este gol no solo adelantó a los maños, sino que también les dio la confianza para plantear un segundo tiempo más sólido y defensivo, conscientes de que mantener la ventaja sería clave ante un Barcelona volcado al ataque.
A pesar de encontrarse en clara minoría en las gradas del Vicente Calderón, los aficionados del Real Zaragoza se hicieron sentir con una pasión desbordante. Con cánticos y banderas, y el gol de Rubén Sosa desató una euforia que resonó por todo el estadio. Su entusiasmo no solo contagió al equipo, sino que también quedó como un símbolo de la identidad y el orgullo maño, demostrando que, aunque pocos en número, su apoyo fue inmenso en energía y emoción.
En la segunda mitad, el conjunto blaugrana intentó imponer su juego, dominando la posesión y generando varias ocasiones, pero se encontró con una defensa zaragocista firme, organizada y disciplinada. La intensidad del partido y la entrega de los aragoneses hicieron que el marcador no se moviera más, culminando en un 0-1 final que reflejaba la fuerza de un equipo que supo superar las expectativas frente a un gigante del fútbol español.
Y cuando el árbitro señaló el final, no solo se cerró un partido, se abrió una página eterna en la historia del Real Zaragoza. Aquel equipo no solo ganó una final, la conquistó desde el alma, desde la entrega de cada balón dividido, desde la fe inquebrantable de un grupo que nunca dejó de creer.
En el césped del Estadio Vicente Calderón, el Real Zaragoza demostró que la garra no se negocia y que el orgullo aragonés pesa más que cualquier pronóstico. Fue la victoria de los que luchan, de los que resisten, de los que sienten el escudo como algo propio.
Porque aquel 26 de abril de 1986 ganó el Real Zaragoza.
Y ganó para siempre.
Alineaciones
F.C. Barcelona; Urriti, Esteban, Alexanko, Migueli, Julio Alberto, Sanchez, Victor Muñoz, Schuster, Caldere, Pichi Alonso, Carrasco
Suplentes; Marcos Alonso, Clos.
Real Zaragoza C.D. : Cedrun, Casuco, Julia, Juan Carlos, Garcia Cortes, Guerri, Señor, Herrera, Pineda, Ruben Sosa, Pardeza.
Suplentes; Casajus, Corchado
Goles; Ruben Sosa (34)

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