El 4 de julio de 1965, el Real Zaragoza volvió a situarse entre los grandes del fútbol español. Apenas un año después de conquistar la Copa del Generalísimo frente al Atlético de Madrid, el equipo aragonés regresó al Santiago Bernabéu dispuesto a revalidar el título.
Aquel Real Zaragoza mantenía el espíritu competitivo que había convertido a los Magníficos en uno de los conjuntos más admirados de Europa. No era un invitado inesperado a la final, era un aspirante legítimo, un equipo acostumbrado a competir por los títulos y a mirar de frente a cualquier rival.
La final fue intensa, equilibrada y marcada por el enorme respeto entre ambos contendientes. Durante más de una hora, el Real Zaragoza sostuvo el pulso al Atlético de Madrid, pero en el minuto 65 José Cardona encontró el gol que acabaría decidiendo el encuentro. El 1-0 fue definitivo.
El resultado privó al Real Zaragoza de levantar su segunda Copa, pero no empañó el extraordinario ciclo que estaba protagonizando el club. Alcanzar tres finales consecutivas era la confirmación de que el Real Zaragoza pertenecía a la élite del fútbol español. Aquella generación había conquistado la Copa de Ferias y la Copas del Genaralisimo de 1964 y se había ganado el reconocimiento por un estilo de juego ofensivo y elegante que aún hoy permanece en la memoria del zaragocismo.
Las derrotas también construyen la historia de un club. La final de 1965 representa el final de una de las etapas más brillantes del Real Zaragoza, un equipo que hizo disfrutar a toda una ciudad y que dejó una huella imborrable en el fútbol español.
Alineaciones
At. Nadrid: Mandinabeytia, Rivilla, Griffa, Calleja, Adelardo, Glaria, Ruiz Sosa, Collar, Mendonca, Cardona, Ufarte.
Real Zaragoza: Yarza, Zubiaurre, Santamaria, Reija, Violeta, Enderiz, Lapetra, Villa, Santos, Marcelino, Canario.
Goles: Cardona (65)

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