El Real Zaragoza llegaba al Santiago Bernabéu con la ilusión de conquistar un nuevo título y de prolongar una tradición copera que forma parte de la historia del club. Su camino hasta la final había sido sólido y convincente. El conjunto aragonés fue superando eliminatorias con personalidad y buen fútbol, dejando en el camino a rivales de enorme entidad y demostrando que tenía argumentos para pelear por el título. La clasificación para la final reforzó la ilusión de un zaragocismo que volvía a soñar con una nueva noche histórica en la Copa.
Pero el partido comenzó de la peor manera posible. Apenas había transcurrido un minuto cuando Raúl Tamudo adelantó al Espanyol. Aun así, el Real Zaragoza no se rindió. Ewerthon empató antes de la media hora y devolvió la fe a una afición que nunca dejó de creer.
Sin embargo, el fútbol también sabe ser cruel. Antes del descanso, Luis García volvió a poner por delante al conjunto catalán. En la segunda parte, el Espanyol aprovechó sus ocasiones con una eficacia demoledora. Coro y, de nuevo, Luis García, cerraron un marcador demasiado duro para lo visto sobre el césped: 4-1.
El resultado fue un golpe difícil de asumir. El Real Zaragoza veía escapar un título que habría enriquecido aún más un palmarés copero ya legendario. Pero, como tantas veces ha demostrado esta afición, el zaragocismo no se mide por las victorias, sino por la capacidad de seguir ahí cuando llegan las derrotas.
Durante las eliminatorias, el Real Zaragoza firmó un recorrido memorable. Eliminó al Atlético de Madrid, al FC Barcelona y al Real Madrid, protagonizando en semifinales una de las noches más inolvidables de La Romareda con el histórico 6-1 frente al conjunto blanco. Los maños alcanzaban la final en un momento de juego extraordinario y con una enorme confianza. Sin embargo, la final no se disputó hasta un mes después de lograrse la clasificación, un largo intervalo que muchos aficionados consideran que rompió la extraordinaria dinámica del equipo. Sea o no esa la explicación, lo cierto es que el Real Zaragoza no llegó al Bernabéu con el mismo nivel de brillantez que había mostrado en las rondas anteriores y acabó cediendo ante un Espanyol mucho más efectivo.
Aun así, la historia del Real Zaragoza no se escribe solo con las Copas conquistadas. También se construye con las tardes difíciles, con los viajes compartidos, con las lágrimas y con la fidelidad de una afición que nunca abandona a los suyos.
Porque ser del Zaragoza no consiste únicamente en celebrar los títulos. También significa levantarse después de las derrotas y seguir creyendo que algún día volverán las grandes noches. Y cuando ese momento llegue, el zaragocismo estará preparado para vivirlo con la misma pasión de siempre.

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