FINAL COPA GENERALISIMO 1963


El 23 de junio de 1963, el Real Zaragoza vivió una de las tardes más importantes de su historia al disputar la final de la Copa del Generalísimo frente al FC Barcelona en el Camp Nou. Aquel equipo aragonés, que comenzaba a construir la leyenda de los futuros “Magníficos”, llegaba a la cita con la ilusión de conquistar un título que habría supuesto un hito para el fútbol zaragozano.

El escenario imponía respeto. Cerca de noventa mil espectadores llenaban las gradas del estadio barcelonés para presenciar una final que enfrentaba a dos equipos de gran calidad. El Barcelona golpeó pronto con los goles de Pereda y Kocsis en la primera mitad, poniendo cuesta arriba el encuentro para los blanquillos. Sin embargo, el Zaragoza nunca renunció a la pelea y mantuvo viva la esperanza durante todo el partido.

En la segunda parte llegó el tercer tanto azulgrana por medio de Zaldúa. Poco después, Juan Manuel Villa logró recortar distancias para el conjunto aragonés, firmando el único gol zaragocista de la final. Aquel tanto no fue suficiente para cambiar el destino del encuentro, pero sí reflejó el carácter competitivo de un equipo que luchó hasta el último minuto.

El resultado final, 3-1 para el Barcelona, dejó al Zaragoza sin el trofeo. Sin embargo, aquella derrota no borró el mérito de una generación que estaba llamada a marcar una época. Muchos de los jugadores que participaron en aquella final formarían parte de los años más brillantes de la historia del club, convirtiendo al Real Zaragoza en uno de los referentes del fútbol español de la década de los sesenta.

Alineaciones

F.C. Barcelona; Pesudo, Garay, Rodri, Segarra, Gracia, Olivella, Pereda, Verges, Zaldua, Zaballa, Kocsis.

Real Zaragoza; Yarza, Cortizo, Pepin, Santamaria, Zubiaurre, Isasi, Lapetra, Sigi, Villa, Murillo, Marcelino. 

Goles; Pereda (9), Kocsis (18), Zaldua (59), Villa (61)

TEMPORADA 2023 - 2024

Temporada 2023-2024: 

Otro año de decepción blanquilla

Una temporada más, el Real Zaragoza afrontaba la campaña 2023-2024 con el firme propósito de lograr el ansiado ascenso a Primera División. Ya son once las temporadas consecutivas en Segunda, y desde el club se transmitía un mensaje de ambición y confianza en que, esta vez sí, el objetivo se conseguiría.

El inicio no pudo ser más esperanzador: cinco victorias en las cinco primeras jornadas, un arranque perfecto que desató la euforia entre la afición zaragocista, convencida de que el ascenso era solo cuestión de tiempo. Sin embargo, la ilusión pronto se tornó en pesadilla. A partir de la sexta jornada, el equipo entró en una dinámica negativa, sin conocer la victoria hasta la jornada 18, lo que provocó la destitución del entrenador y una dolorosa eliminación copera ante el Atzeneta, rival de categoría inferior.

La llegada de un nuevo técnico no cambió la dinámica. El equipo seguía sin fútbol, sin ideas, y apenas sumó tres victorias en catorce partidos, coqueteando peligrosamente con los puestos de descenso a Primera RFEF. La desilusión era total: rostros de abatimiento en la grada y una directiva obligada a reconocer errores.

Finalmente, la incorporación de un tercer entrenador sirvió para enderezar ligeramente el rumbo. Sin desplegar un gran juego, el Zaragoza logró puntuar lo suficiente para evitar el desastre y sellar una salvación que supo más a alivio que a éxito.

La plantilla, llamada a luchar por el ascenso, terminó “salvando los muebles” a última hora. Estuvo compuesta por:

Porteros: Badia, Álvarez, Rebollo, Poussin.
Defensas: Gámez, Borge, Zedadka, Luna, Lecoeuche, Nieto, Francés, Jair, Mouriño, Lluís López.
Centrocampistas: Mesa, Moya, Aguado, Grau, Francho, Bermejo, Vaquero, Terrer, Guti.
Delanteros: Pau Sans, Azón, Enrich, Bakis, Valera, Mollejo, Vallejo, Liso, Cuenca.