UN MEDALLA OLIMPICO EN EL REAL ZARAGOZA


Esas cosas que no sabemos… o apenas recordamos

Muchos quizá no sepan, o apenas recuerden, que, en 1960, un jugador de hockey hierba perteneciente a la selección nacional de Pakistán, que posteriormente se proclamaría campeona olímpica y conseguiría la medalla de oro, formo parte del Real Zaragoza.

                     

Después de conquistar aquel ansiado metal olímpico, tuvo que exiliarse en Inglaterra debido a sus diferencias con el mandatario de su país de origen. Allí se incorporó al grupo de preparación del célebre boxeador Henry Cooper, donde continuó ligado al mundo del deporte y llegó a ser parte del título de campeón de boxeo. 

Fue años después, en 1984, cuando su camino se cruzó definitivamente con el Real Zaragoza. KABIR NANA se incorporó a las filas blanquillas como masajista de la primera plantilla del equipo aragonés.

Durante veinte años, hasta 2004, Kabir cuidó y atendió las necesidades de los jugadores, siempre con un trato cercano, especial y humano. Puso al servicio del vestuario toda su experiencia adquirida en la élite del deporte, convirtiéndose en una figura muy querida y respetada por todos aquellos que tuvieron la suerte de conocerlo.

Junto al Real Zaragoza, Kabir Nana vivió y celebró grandes momentos de la historia del club, levantando los títulos de la Copa del Rey de 1986, 1994, 2001 y 2004, además de la inolvidable Recopa de Europa de 1995

Un palmarés que habla por sí solo, pero que quizá no sea lo más importante cuando se recuerda a una persona.

Porque quienes tuvimos la oportunidad de conocer a KABIR NANA no solo descubrimos al gran profesional y al campeón que llevaba dentro. Conocimos también a una persona amable, comprensiva, cercana y llena de valores. Alguien que supo ganarse el cariño y el respeto de quienes compartieron con él tantos años de vestuario.

Por todo ello, hay motivos más que suficientes para decir que KABIR NANA fue, es y será siempre un gran campeón.

Pero, sobre todo, será recordado como una gran persona.

De esas personas que dejan huella sin hacer ruido y cuyo recuerdo permanece mucho después de haberse marchado.

Gracias, Kabir, por tantos años de dedicación, profesionalidad y cariño al Real Zaragoza.

Porque hay historias que no deberíamos olvidar… y personas que nunca deberíamos dejar de recordar.


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